Ozempic y la cultura de los resultados inmediatos
Lo que comenzó como un medicamento destinado al tratamiento de la diabetes tipo 2 terminó convirtiéndose en un fenómeno mundial. En consultorios, redes sociales, medios de comunicación y conversaciones cotidianas, el nombre Ozempic dejó de estar asociado únicamente al control de la glucemia para vincularse cada vez más con la pérdida de peso.
Ozempic es el nombre comercial de la semaglutida, un fármaco perteneciente a la familia de los agonistas del receptor GLP-1. Su funcionamiento imita la acción de una hormona que el organismo produce naturalmente después de comer y que interviene en la regulación del apetito.
Aunque fue desarrollado para pacientes con diabetes, la disminución del apetito y la consecuente pérdida de peso hicieron que rápidamente ganara notoriedad más allá de su indicación original. Con el paso del tiempo, aquello que comenzó como un efecto secundario terminó convirtiéndose en uno de los principales motores de su popularidad.
Los números reflejan la magnitud del crecimiento. En Estados Unidos, millones de personas utilizan medicamentos basados en GLP-1 y distintos informes muestran que su impacto ya no se limita a la salud. Estudios recientes señalan una reducción en el consumo calórico de quienes los utilizan e incluso cambios en hábitos de consumo que comienzan a ser observados por industrias tan diversas como la alimentaria y la cosmética.
En Argentina, el interés por estos tratamientos también creció de manera sostenida. Actualmente, Ozempic se encuentra aprobado para el tratamiento de la diabetes tipo 2, mientras que Wegovy (que contiene el mismo principio activo) fue autorizado específicamente para el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso.
La creciente demanda incluso dio lugar a situaciones irregulares. En agosto de 2025, la ANMAT prohibió la comercialización de un producto falsificado que circulaba en redes sociales bajo la denominación "Ozempic Semaglutida Tablets USP". La investigación determinó que no contaba con autorización sanitaria y que además, no existe en ninguna parte del mundo una versión oficial de Ozempic en comprimidos. El episodio puso en evidencia hasta qué punto el interés por este tipo de medicamentos había trascendido los canales tradicionales de acceso.
Para comprender las razones detrás de este auge, su impacto en la relación con el cuerpo, la influencia de las redes sociales y los desafíos que plantea en materia de salud física y mental, consultamos a profesionales de la nutrición y la psicología, quienes analizaron los alcances y las implicancias de una tendencia que continúa expandiéndose.
La promesa de una solución rápida
El fenómeno Ozempic trasciende el ámbito farmacológico y evidencia una tendencia propia de la sociedad actual, donde se privilegian los resultados inmediatos por encima de los procesos sostenidos que demandan esfuerzo y perseverancia.
Para la Lic. y Prof. en Psicología Patricia L. Schmidt, parte del enorme interés que despertó este medicamento puede explicarse por lo que denomina "pensamiento mágico". Según señala, bajar de peso suele implicar un trabajo largo y complejo, atravesado por cambios de hábitos, renuncias y procesos de elaboración emocional. Frente a ese escenario, la posibilidad de acortar los tiempos del proceso aparece como una alternativa atractiva para muchas personas.
"Si a las personas se les aparece una solución más inmediata, con resultados más rápidos, tienden a hacer uso de ella para acotar el recorrido, experimentar alivio o encontrar un estímulo para continuar con un tratamiento que es mucho más laborioso".
Una mirada similar aporta la licenciada en Nutrición María Florencia Rodríguez, integrante del equipo terapéutico de la Fundación Centro de Atención a la Anorexia, Bulimia y otras Patologías Sociales. A su entender, el fenómeno revela una tendencia cada vez más presente en distintos ámbitos de la vida: la búsqueda de soluciones rápidas frente a problemas complejos.
"Seguimos buscando la inmediatez en cualquier objetivo. Muchas veces resulta más cómodo que profundizar y sostener los cambios de hábitos que hicieron que una persona se enfermara".
Ambas especialistas coinciden en que el atractivo de Ozempic no radica únicamente en sus efectos sobre el apetito o el peso corporal, sino también en la expectativa de reducir los tiempos de un proceso que, en la mayoría de los casos, requiere modificaciones sostenidas en la alimentación, la actividad física y la relación con el propio cuerpo.
En ese sentido, advierten que ningún medicamento puede reemplazar por sí solo el trabajo necesario para construir hábitos duraderos. La pérdida de peso puede producirse en un período relativamente corto; el desafío suele ser sostener esos resultados en el tiempo.
Redes sociales, cuerpos visibles y comparaciones permanentes
Si el fenómeno Ozempic no puede entenderse sin internet, tampoco puede analizarse al margen de las redes sociales. Tanto la psicología como la nutrición coinciden en que las plataformas digitales modificaron la forma en que las personas se relacionan con la información, con la alimentación y con su propia imagen corporal.
Para la nutricionista María Florencia Rodríguez, el cambio comenzó con el acceso masivo e inmediato a contenidos de todo tipo. "Las redes sociales fomentan ciertas elecciones y consumos de medicamentos, alimentos y hábitos. Hoy toda información, sea verdadera o falsa, está al alcance de todos y, sin estructura ni validez científica, puede resultar peligrosa".
Sin embargo, la psicóloga Patricia L. Schmidt considera que el problema no radica en las redes sociales en sí mismas, sino en la manera en que se utilizan y en la relación previa que cada persona mantiene con su propio cuerpo.
Para comprender ese impacto, distingue entre esquema corporal e imagen corporal: mientras el primero refiere al conocimiento básico que una persona tiene sobre la estructura de su cuerpo, la imagen corporal es una construcción subjetiva que se forma a partir de experiencias, representaciones, opiniones ajenas, mandatos culturales y vivencias personales.
"La imagen corporal no es algo fijo. Es una construcción dinámica que se modifica a lo largo de la vida".
Desde esa perspectiva, las redes sociales constituyen uno de los factores que intervienen en ese proceso. El problema aparece cuando la persona observa esas imágenes sin pensamiento crítico y desde una posición de ajenidad respecto de sí misma. Es decir, cuando pierde de vista que aquello que ve puede estar editado, filtrado o simplemente no corresponder con su propia realidad.
Rodríguez observa algo similar en la práctica clínica. Según explica, la exposición constante a cuerpos idealizados, estilos de vida cuidadosamente seleccionados y fotografías retocadas suele favorecer procesos de comparación que pueden derivar en frustración, ansiedad y angustia, especialmente en personas que atraviesan inseguridades vinculadas a su imagen corporal.
En ese contexto, ambas especialistas coinciden en que no necesariamente existen estándares de belleza más exigentes que en otras épocas, pero sí mucho más visibles. Si antes esos modelos aparecían en revistas, publicidades o programas de televisión, hoy acompañan a las personas durante gran parte del día a través de celulares, computadoras y redes sociales.
A esta exposición permanente se suma otro fenómeno que preocupa a la nutricionista: una creciente dificultad para aceptar los cambios naturales del cuerpo. "Existe una menor tolerancia a los cambios en general y un fuerte temor al envejecimiento".
La presión estética ya no parece limitarse únicamente al peso corporal. También alcanza al paso del tiempo, a las marcas de la edad y a cualquier transformación que se aleje de los ideales de juventud, delgadez y perfección física que circulan constantemente en el entorno digital.
Hasta aquí, Ozempic aparece como el punto de encuentro entre un avance farmacológico, la influencia de las redes sociales y una cultura que privilegia la inmediatez. Sin embargo, tanto la psicología como la nutrición advierten que el verdadero desafío comienza cuando el debate deja de centrarse en el medicamento y se traslada a la relación que las personas construyen con su cuerpo, su alimentación y su salud.
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Participaron de este informe la Lic. en Nutrición María Florencia Rodríguez (MP CONUER N.º 227), integrante del equipo terapéutico de la Fundación Centro de Atención a la Anorexia, Bulimia y otras Patologías Sociales de Concepción del Uruguay, y la Lic. y Prof. en Psicología Patricia L. Schmidt, psicoanalista (M.P. 3043, U.N.L.P.).
Se agradece la colaboración de Lucas Giqueaux y Nadia Goycochea Iturralde por facilitar el contacto con ambas profesionales.
Fuentes consultadas:
Tras una alerta, la ANMAT prohibió la venta de un “Ozempic trucho” que vendían sin autorización