2026-09-07

¿Quién elige a los candidatos de Concepción del Uruguay?

De cara a 2027 empiezan a aparecer dirigentes dispuestos a competir y seguramente surgirán otros a medida que se acerque la elección. La pregunta central, sin embargo, no es quién se posiciona primero, sino cómo construimos dentro del espacio un mecanismo capaz de encontrar una candidatura competitiva, con capacidad para ganar y gobernar Concepción del Uruguay.

Hace pocos días, Marcos Di Giuseppe dejó abierta la posibilidad de competir por la Intendencia en 2027. Pero lo más interesante fue cómo imagina que podría definirse: si Frigerio considera que debe ser él, estará “al pie del cañón”; si no, acompañará a otro.

Es legítimo que cualquier dirigente quiera competir; el problema aparece cuando la candidatura depende de una decisión tomada desde arriba.

Y eso invita a una pregunta bastante más importante que las aspiraciones de cualquier dirigente: ¿quién elige a los candidatos de Concepción del Uruguay? Somos la ciudad de Urquiza, fuimos capital de Entre Ríos y somos reconocidos como “Cuna de la Organización Nacional”. Y, sin embargo, de cara a 2027 pareciera que esperamos que no haya PASO y que las candidaturas sean ordenadas desde arriba.

Aparece además una curiosa paradoja. Uno de los nombres naturales para representar la continuidad del oficialismo municipal es Martín Oliva, nacido en Córdoba. Del lado del oficialismo provincial, mientras Leandro Clapier viene levantando su perfil público, Marcos Di Giuseppe, nacido en La Pampa, también dejó abierta la posibilidad de competir si Frigerio considera que debe ser él.

Por supuesto, nadie es más o menos uruguayense por el lugar donde nació. Una ciudad se pertenece por elección, compromiso, trayectoria y trabajo.

Pero la coincidencia más interesante quizás no sea geográfica sino política: ambos mantienen vínculos estrechos con José Eduardo Lauritto y Juan Carlos Lucio Godoy, dos dirigentes que han marcado la política uruguayense de las últimas décadas.

Oliva fue viceintendente de Lauritto y luego su sucesor en la Intendencia. Mantiene además una relación profesional con Godoy como médico asesor de Río Uruguay Seguros. Di Giuseppe pertenece al Ateneo Crisólogo Larralde, históricamente referenciado en Godoy, y mantiene también una estrecha relación con Lauritto.

El problema no parece estar en que Lauritto o Godoy conserven influencia. Ambos construyeron liderazgos que dejaron, y siguen dejando, una marca indiscutible en la ciudad. La pregunta es hacia quienes vinimos después: ¿por qué todavía no hemos conseguido construir una generación capaz de tomar la posta?

 

¿Alternativa a qué?

El recorrido de Di Giuseppe agrega otro elemento. Su trayectoria reciente atraviesa administraciones de distinto signo político: ocupó funciones en CARU durante la presidencia de Mauro Vazón y también durante la posterior presidencia de José Eduardo Lauritto, como secretario administrativo.

Con la llegada de Rogelio Frigerio al gobierno provincial, Juan Ruiz Orrico pasó a conducir el Instituto Portuario Provincial y Di Giuseppe, integrante de su entorno político, quedó al frente del Puerto de Concepción del Uruguay. La posterior salida de Orrico le dio aún mayor centralidad en la política portuaria de la costa del Uruguay.

Ese nuevo alineamiento provincial no significó un distanciamiento de Lauritto. Ambos conservaron un buen vínculo institucional y público: el intendente suele destacar la marcha del Puerto y ha elogiado su gestión.

Esa capacidad para mantener buenos vínculos puede ser una virtud para la gestión y para la ciudad. Pero si eventualmente busca representar una opción diferente al actual oficialismo municipal, la pregunta resulta inevitable: ¿alternativa a qué?

 

La gestión también se mide desde la ciudad

Que lleguen más barcos es una excelente noticia. Concepción necesita producción, exportaciones, inversiones y trabajo. Pero la gestión del Puerto no debería medirse solamente contando barcos.

Una carga de aproximadamente 18.000 toneladas por barco puede requerir hasta 600 viajes de camiones cargados. Sumados los retornos, representa alrededor de 1.200 movimientos de transporte pesado concentrados en apenas tres o cuatro días, fundamentalmente sobre el Acceso J. J. Bruno y avenida Paysandú.

Ese tránsito tiene un costo. El análisis logístico advierte sobre el efecto de fatiga que el transporte pesado produce sobre la carpeta asfáltica. Entonces corresponde preguntar quién absorbe esos costos, qué controles de peso existen y cuánto aporta el Puerto al mantenimiento de esa infraestructura.

Hay además una situación difícil de comprender: mientras el Municipio sostiene esos accesos, el Ente Portuario mantiene una deuda histórica por tasas municipales.

Queremos más barcos y queremos un Puerto pujante. Pero también un Puerto integrado a Concepción del Uruguay, que contribuya a afrontar las obligaciones y costos que su propia actividad genera. Eso también es gestión. Eso también es pensar la ciudad a veinte años.

 

Cómo encontrar al mejor candidato

Nada de esto significa que 2027 vaya a reducirse a determinados nombres. Las declaraciones de estos días sirven para abrir una discusión mayor: cómo queremos elegir a quienes aspiren a gobernar Concepción del Uruguay.

Elegir un candidato también es decidir qué proyecto de ciudad queremos construir para los próximos veinte años: qué modelo de desarrollo, qué prioridades, qué obras, qué oportunidades y qué lugar queremos que ocupe Concepción en la región.

Por eso la discusión no debería reducirse a quién instala primero su nombre, quién mide mejor en una encuesta o quién tiene mejor llegada a una conducción provincial. Concepción necesita un candidato que pueda ganar y gobernar, pero también que aporte una nueva visión de largo plazo; construyamos un mecanismo que encuentre a esa persona.

Una primaria, una interna, encuestas acordadas u otro mecanismo competitivo pueden ser herramientas válidas. Las conducciones partidarias tendrán su papel, pero una cosa es participar de la construcción y otra muy distinta es que la decisión termine reducida al dedo de un dirigente.

El desafío no es solamente elegir un candidato, sino construir una nueva generación de dirigentes con peso propio, arraigo en la ciudad y legitimidad frente a los ciudadanos. Porque esos liderazgos no se designan desde arriba: se construyen frente a la ciudadanía y se legitiman en el voto.

 

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