2026-07-26

Ser abuelo no es sólo cuidar a los nietos

Entre el mandato de la guardería familiar y el afecto transformador, los abuelos de hoy reclaman el derecho a habitar su propia historia.

Hijos
Cada 26 de julio, el calendario litúrgico nos recuerda a San Joaquín y Santa Ana, los abuelos de Jesús, fecha que la cultura popular adoptó para rendir homenaje a la vejez familiar. Sin embargo, más allá de los santorales y las promociones comerciales del domingo, suelo preguntarme qué estamos festejando exactamente hoy en nuestras casas. ¿Aclamamos la figura entrañable de la postal antigua o le estamos aplaudiendo en silencio al sistema de soporte logístico que mantiene en pie a las familias modernas?

Padres
Para entender el verdadero alcance de la abuelidad, conviene mirarla contra al espejo de la paternidad. ¿Qué es, en definitiva, ser padre? Ser padre es estar en la trinchera. Es el oficio complejo de poner límites, lidiar con la culpa, corregir, sostener la estructura con la espalda cansada y la mirada puesta en el reloj. A los padres les toca el peso de la ley, la urgencia del plato de comida a tiempo y el barro cotidiano de la formación...

Ser padre implica construir los cimientos bajo la tormenta. Es una tarea hermosa pero cargada de gravedad, donde cada decisión parece jugarse el destino del hijo. La abuelidad, en cambio, es la libertad de contemplar el paisaje sin la obligación de reparar el techo. Si el padre es el ancla que sostiene el barco en medio del oleaje, el abuelo es la orilla firme que demuestra que, a pesar de todo, se puede navegar con calma.

Ser abuelo no tendría que ser la continuación del deber parental por otros medios. Educar a los hijos implica límites, urgencias, deudas y miedos al futuro. La abuelidad, en cambio, ofrece la oportunidad de un amor sin la prisa de la crianza. Es el territorio donde el tiempo se detiene a juntar caracoles o a escuchar un cuento sin mirar el reloj.

Ser abuelo no despoja al sujeto de sus deseos propios; los reconfigura. El problema aparece cuando la sociedad reduce al adulto mayor a un objeto de cuidado o, peor es nada, a un recurso utilitario. Cuando a un abuelo se lo percibe solo como la solución a la guardería, le robamos lo más valioso que tiene para dar: su propia presencia deseante.

Desde la perspectiva del psicoanálisis, la transmisión no es heredar una casa o una factura de servicios al día. Jacques Lacan nos recordaba que lo verdaderamente valioso que se transmite es el deseo... Es esa forma particular de haber estado en el mundo, ese rasgo de estilo, esa palabra oportuna que queda flotando en la memoria del nieto para siempre. Y para transmitir, hace falta estar de pie como sujeto autónomo, no como un engranaje cansado.

Aquí es donde la emoción me toca el hombro de manera inevitable. Mi propia historia lleva ese sello en la piel. Mi abuela se llamaba Mercedes Concepción... En su nombre venía trazado mi propio destino. Vaya casualidad que mi vida profesional y mi hogar hayan echado raíces precisamente en esta ciudad de Concepción del Uruguay.

Mercedes no era una abuela de utilería ni de postal edulcorada. Era una mujer con carácter, firmeza y una ternura honda que no necesitaba fuegos artificiales para hacerse notar. De ella aprendí que la libertad no se negocia a ninguna edad y que la dignidad se cultiva en el gesto cotidiano... En la mesa compartida, en la escucha atenta y en la valentía de sostener la propia voz aunque pasen los años.

Abuelos
Cuando logramos correr el velo de la rutina y dejamos de exigirles que sean el parche de las urgencias de los adultos, los abuelos despliegan su magia más pura. Nos enseñan a envejecer sin miedo, nos muestran que el amor puede ser liviano y profundo al mismo tiempo... Nos regalan la certeza de que fuimos amados sin condiciones.

Al final del día, cuando los festejos pasen y las tarjetas se junten en un cajón, la pregunta sigue ahí, mirándonos a los ojos: ¿estamos dispuestos a garantizarles a nuestros abuelos el derecho a ser dueños de su tiempo y de su deseo, o preferimos seguir usándolos como el simple engranaje que calma nuestras urgencias?

 

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