Betina Bonin contó su experiencia en México durante la celebración del Día de los Muertos

En diálogo con el programa Rompiendo el Hielo, Betina Bonin relató su recorrido por distintas ciudades mexicanas y compartió detalles de una de las celebraciones culturales más emblemáticas del país. Describió los rituales en los cementerios, los altares familiares y los imponentes desfiles de Catrinas.

Desde la ciudad de Morelia, en México, Betina Bonin mantuvo una comunicación con el programa Rompiendo el Hielo, donde contó cómo está viviendo su viaje y las experiencias que le dejó participar de las tradicionales celebraciones del Día de los Muertos.

Durante la entrevista, explicó que actualmente se encuentra en Morelia, una ciudad reconocida como Patrimonio de la Humanidad por su importante riqueza arquitectónica, con más de 1.100 edificios construidos en cantera rosa y un centro histórico que conserva gran parte de su estructura original.

Bonin contó que antes de llegar a esa ciudad recorrió México capital y Pátzcuaro, con el objetivo de conocer de cerca las distintas manifestaciones culturales vinculadas con el Día de los Muertos.

Una celebración que combina tradición, espiritualidad y memoria

Uno de los aspectos que más llamó su atención fue la manera en que las familias mexicanas viven esta celebración, que tiene una profunda connotación religiosa y cultural.

Según relató, la tradición no debe confundirse con Halloween, ya que el Día de los Muertos representa un momento de reencuentro simbólico con los seres queridos fallecidos.

Las familias preparan durante varios días los cementerios, adornan las tumbas con flores, velas y diferentes elementos, y pasan la noche entre el 1 y el 2 de noviembre junto a sus familiares fallecidos.

También explicó que los altares contienen fotografías, recuerdos y alimentos o bebidas que eran del gusto de las personas homenajeadas. De esta manera, cada ofrenda tiene un significado particular y permite reconstruir parte de la historia de quienes ya no están.

Las velas encendidas forman senderos simbólicos para recibir a las almas, en una celebración que, según describió, tiene una enorme carga espiritual.

El respeto de los turistas y la multitudinaria convocatoria

Consultada sobre cómo fue su experiencia como visitante en los cementerios, Betina señaló que quienes llegan con respeto y mantienen cierta distancia pueden participar de la experiencia sin generar inconvenientes para las familias.

Sin embargo, reconoció que la convocatoria turística es tan grande que en algunos lugares se vuelve difícil circular. Incluso mencionó que en una isla de Michoacán debieron restringir sectores del cementerio debido a la cantidad de visitantes.

También destacó la importancia de mantener la discreción al momento de tomar fotografías y comprender que se trata de una celebración familiar y espiritual.

La imponente Catrina de Ciudad de México

Otro de los momentos destacados del viaje fue el desfile de Catrinas en Ciudad de México y la posibilidad de observar la monumental figura instalada en el Zócalo.

Bonin relató que la estructura, de aproximadamente 33 metros de altura, equivale a un edificio de diez pisos y requiere un importante trabajo de diseño, ingeniería y montaje.

La figura cuenta con una estructura metálica y un vestido de enormes dimensiones, diseñado por un equipo de artistas. Su iluminación, junto con la arquitectura histórica de la plaza y la Catedral Metropolitana, conformó uno de los escenarios que más la sorprendió.

Además, contó que tuvo la suerte de llegar justo cuando se encendieron las luces de la instalación, un espectáculo que describió como maravilloso por sus colores y su despliegue artístico.

Finalmente, señaló que las celebraciones no se concentran en una sola jornada, sino que se desarrollan durante varios días y en distintas ciudades mexicanas, con desfiles, intervenciones artísticas y actividades culturales.

En su recorrido por México, Betina Bonin pudo conocer una tradición que combina historia, identidad, arte y espiritualidad, y que propone una manera muy particular de mantener viva la memoria de quienes ya no están.
 

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