Frigerio y Milei: dos caras de una misma moneda
La separación de los calendarios electorales expone la contradicción: Frigerio quiere evitar que el costo electoral de su socio nacional termine afectando sus propias aspiraciones.
En política, las sociedades tienen consecuencias y las alianzas implican responsabilidades. Rogelio Frigerio no puede pretender los beneficios políticos de su asociación con Javier Milei y, al mismo tiempo, desentenderse del costo social, económico e institucional de las decisiones que ambos respaldan. No se puede compartir un proyecto cuando conviene y ensayar distancias cuando sus consecuencias generan malestar.
En Entre Ríos empieza a hacerse evidente una operación política: Frigerio intenta construir un relato de diferenciación respecto de la Casa Rosada, procurando preservar su propia imagen frente al desgaste presidencial. Y hay un dato que permite comprender mejor esa estrategia: el propio gobernador anticipó que en 2027 se votará cinco veces y reconoció con ello que Milei, al menos en el escenario actual, no tendría asegurado el triunfo en primera vuelta. Incluso está la posibilidad de que el escenario electoral no requiera una segunda vuelta, porque se sabe que Milei pierde. No es una consideración menor. Frigerio está admitiendo que su socio político enfrenta dificultades para ganar la elección nacional y que ese escenario puede tener consecuencias sobre sus propias aspiraciones electorales.
Las encuestas que muestran una caída en la imagen del Presidente profundizan ese riesgo y amenazan con arrastrar también al gobernador, quien tiene hoy día una “frágil fortaleza” de su imagen. De allí la conveniencia de separar las elecciones provinciales de las nacionales: evitar que el desgaste de Milei condicione el resultado en Entre Ríos. En otras palabras, Frigerio pretende separar electoralmente lo que está unido políticamente. Quiere evitar que los entrerrianos evalúen su gestión provincial en el mismo contexto en que juzgarán al Gobierno nacional.
Pero esa maniobra no modifica la realidad: son socios políticos, comparten un proyecto y forman parte de una misma construcción de poder. No son dos proyectos diferentes: son dos caras de una misma moneda. La distancia que ahora intenta construir no es ideológica ni programática; es estrictamente electoral.
Dos caras de una misma moneda
Frigerio y Milei tienen estilos diferentes, pero comparten una misma orientación política. Uno expresa ese proyecto desde la Presidencia de la Nación y el otro desde la Gobernación de Entre Ríos. Uno utiliza la confrontación permanente como herramienta política; el otro procura administrar sus diferencias discursivas. Pero detrás de esas formas hay una misma concepción económica, una misma alianza y un mismo rumbo.
La sociedad con La Libertad Avanza no fue un accidente electoral ni una coincidencia parlamentaria. Fue una decisión política. Frigerio eligió asociarse con Milei, acompañar su proyecto y construir una alianza con proyección electoral. Por eso, cualquier intento posterior de presentar al gobernador como una figura ajena a las políticas nacionales constituye una contradicción difícil de sostener.
Son dos caras de una misma moneda: pueden diferenciarse en el discurso, pero representan un mismo proyecto y comparten las mismas responsabilidades.
El ajuste tiene responsables
El equilibrio fiscal se convirtió en la principal bandera de ambos gobiernos. Sin embargo, detrás de esa consigna existe una definición política concreta: quién paga el costo del ajuste, qué derechos se restringen, qué responsabilidades abandona el Estado y cuáles son las consecuencias sobre la vida cotidiana de la población.
Frigerio acompaña el rumbo económico de Milei. Las diferencias que ocasionalmente aparecen en torno a la obra pública, los recursos nacionales o determinadas decisiones administrativas no modifican esa coincidencia fundamental, mientras se deterioran los ingresos, se paralizan obras (o directamente no hacen), se retrae el consumo y las familias pierden capacidad adquisitiva y además se endeudan para comer y pagar servicios. El equilibrio de las cuentas públicas no puede convertirse en una justificación para desatender las obligaciones del Estado.
Y hay algo que el gobernador no puede eludir: no es un espectador de las políticas nacionales. Es parte de una alianza que las respalda y de una construcción política que pretende darles continuidad. Por lo tanto, tiene responsabilidad política sobre el rumbo que acompaña.
No puede reclamar recursos nacionales cuando los necesita y respaldar un modelo que reduce las capacidades del Estado. No puede compartir el diagnóstico económico de Milei y después pretender que las consecuencias sociales de ese diagnóstico son exclusivamente responsabilidad de la Nación.
El discurso de la diferenciación
Las diferencias de tono no constituyen diferencias de proyecto. Que Frigerio no utilice las mismas expresiones que Milei, que evite algunas de sus provocaciones o que procure mostrar una imagen distinta no cambia la naturaleza de su sociedad política.
La política no se define por los gestos ni por las operaciones de comunicación. Se define por las decisiones, los acuerdos, los intereses que se representan y los proyectos que se sostienen.
Milei y Frigerio comparten una concepción que coloca el ajuste fiscal por encima de otras responsabilidades del Estado y que pretende presentar la reducción de su intervención como una respuesta suficiente a los problemas económicos. Esa coincidencia es mucho más profunda que cualquier diferencia circunstancial.
El gobernador no puede utilizar la alianza para fortalecer su posición electoral y luego ensayar una separación discursiva cuando el escenario político se vuelve adverso. La responsabilidad no se administra según las encuestas ni se suspende cuando el costo de las decisiones empieza a sentirse en la sociedad.
La misma moneda con dos caras
Frigerio y Milei son dos caras de una misma moneda. La diferencia está en la forma de expresarse, no en el proyecto que representan. Uno gobierna la Nación y el otro la provincia, pero ambos forman parte de una misma construcción política.
No hay un Frigerio distinto de Milei. Hay un mismo proyecto con dos expresiones de poder. Y cuando las consecuencias de ese proyecto llegan a los hogares entrerrianos, ninguno de los dos puede esconderse detrás del otro.
Porque las sociedades políticas no son gratuitas: generan compromisos, definen responsabilidades y, sobre todo, tienen consecuencias que la sociedad termina pagando.