El dinero de todos: en qué se gasta y cómo hacerlo rendir más
En mi columna anterior analizamos cómo se financia el municipio y cómo evolucionaron sus recursos, que al 30 de septiembre superaron los $50 mil millones: prácticamente la mitad de recursos propios y la otra mitad de coparticipación nacional y provincial.
Veamos ahora el otro lado de la historia: cómo se gasta ese dinero. Entre enero y septiembre de 2026, Concepción del Uruguay registró gastos devengados por $46.393 millones. Devengado significa que ya se generó la obligación de pagar —por un trabajo realizado o materiales recibidos, por ejemplo—, aunque el pago esté pendiente.
Para entender esas cuentas existen distintas clasificaciones presupuestarias. El Manual de Clasificaciones Presupuestarias de Entre Ríos establece criterios comunes para ordenarlas, compararlas y facilitar su control.
Cada clasificación responde a una pregunta. Por objeto: ¿en qué se gasta?, como personal, combustible o maquinaria. Por finalidad y función: ¿para qué?, como salud o servicios urbanos. Institucional: ¿quién administra los recursos?, como una secretaría o el Concejo Deliberante.
La clasificación económica distingue el funcionamiento cotidiano de la inversión; la clasificación por categorías programáticas vincula el gasto con programas, actividades y proyectos; y la clasificación por fuente de financiamiento identifica con qué fondos se paga y si tienen un destino específico.
Un ejemplo permite entenderlo: el combustible comprado por Servicios Públicos para recolectar residuos puede integrar un programa de higiene urbana, constituir un gasto corriente y pagarse con recursos municipales. Es un mismo gasto observado desde distintos ángulos.
Aquí me concentraré en la clasificación por objeto. El gráfico adjunto muestra los montos de cada rubro y una equivalencia sencilla: si todo el gasto municipal fuera $100, ¿cuánto correspondería a cada categoría?
Personal comprende sueldos, adicionales, aguinaldo, aportes patronales, asignaciones familiares y otros conceptos laborales. Incluye al personal administrativo y a quienes realizan limpieza, mantenimiento, atención sanitaria y demás servicios. Se devengaron más de $24.359 millones, equivalentes a $52,51 de cada $100.
Bienes de consumo abarca materiales e insumos utilizados en las actividades municipales, como combustible, productos para potabilizar el agua, alimentos, insumos sanitarios, ropa de trabajo, papelería y otros artículos de oficina y de uso administrativo. El monto superó los $2.532 millones: $5,46 de cada $100.
Servicios reúne pagos a terceros: electricidad, telefonía, internet, alquileres, seguros, publicidad, mantenimiento y reparaciones. Incluye cooperativas de barrido y limpieza, servicios técnicos y profesionales y contratos de asesoramiento, incluidos los vinculados con la gestión política. Se devengaron más de $14.426 millones, equivalentes a $31,10 de cada $100. Evaluar su necesidad y costo exige conocer el detalle de las contrataciones. Este rubro tampoco representa todo el costo de los servicios municipales, que requieren además personal, insumos y equipamiento registrados en otras categorías.
Transferencias corrientes comprende ayudas, subsidios y aportes a personas e instituciones: asistencia alimentaria, apoyo a comedores, sepelios y actividades deportivas y culturales. Superó los $1.509 millones: $3,25 de cada $100.
Bienes de capital incluye bienes durables que se incorporan al patrimonio municipal, como maquinaria, vehículos y equipamiento. Se devengaron cerca de $200 millones: $0,43 de cada $100.
Trabajos públicos reúne obras de infraestructura, como pavimentación, desagües y ampliación de redes. Superó los $3.292 millones: $7,10 de cada $100. Debe considerarse que las obras realizadas con personal y equipos municipales también pueden generar gastos registrados en otros rubros.
Deuda: intereses, gastos y amortización. Su participación es mínima, ya que el municipio ha venido funcionando prácticamente sin recurrir al endeudamiento. En conjunto, se devengaron cerca de $72 millones: $0,15 de cada $100.
Estas clasificaciones deben leerse conjuntamente para obtener una radiografía más completa de las cuentas. Pero conocer en qué se gasta tampoco alcanza para saber si se está gastando bien.
Como economista, con un MBA y estudios de doctorado en Administración Pública, siempre me interesaron la eficacia, que significa alcanzar los objetivos, y la eficiencia, que consiste en aprovechar lo mejor posible los recursos para conseguirlos.
En el municipio, eso se traduce en preguntas concretas: ¿cuánto cuesta mantener una cuadra? ¿Qué recorridos permiten recolectar residuos con menos combustible? ¿Cuántas reparaciones urgentes podrían evitarse? ¿Cómo reducir la demora de un trámite?

Por ejemplo, una calle de ripio puede mantenerse con personal y maquinaria municipal o contratando a un tercero. El objetivo es el mismo, pero cambia la composición del gasto: en el primer caso habrá personal, combustible y mantenimiento de equipos; en el segundo, un servicio contratado.
La elección requiere comparar costos, calidad y tiempos. Si una máquina queda fuera de servicio por falta de mantenimiento y obliga a contratar trabajos que podrían realizarse con recursos propios, pueden generarse costos evitables. Cuando se descuida la eficiencia, el dinero rinde menos.
Para mejorar existen herramientas como el control de gestión, la revisión de procesos y la gestión por resultados: definir objetivos, asignar responsables, establecer plazos, medir y corregir. Su utilidad se demuestra cuando los mismos recursos permiten brindar más y mejores servicios.
El plan de gobierno define las prioridades políticas: qué necesidades atender primero, dónde gastar y en qué invertir. La administración organiza los recursos para concretarlas. Y la transparencia permite al vecino conocer esas decisiones y evaluar sus resultados.
Cada peso del presupuesto proviene del esfuerzo de la sociedad. Por eso, la responsabilidad de gobernar va más allá de ejecutar partidas y presentar balances: exige convertir esos recursos en calles transitables, servicios que funcionen y respuestas a tiempo. La medida de una buena gestión es cuánto mejora la vida de los vecinos con el dinero que todos aportamos.