¿Alcanza un decreto para frenar el naufragio psíquico?

Declarar la emergencia es apenas un diagnóstico en papel sellado. El verdadero desafío en La Histórica se juega en la trinchera barrial y el presupuesto real.
06/09/2026

Hay una vieja frase criolla que sentencia que “cuando el río suena, agua trae”. Por estos pagos, acostumbrados a mirar la creciente del río Uruguay con el corazón en la boca, sabemos muy bien qué ocurre cuando el agua desborda los terraplenes: no hay terraplén improvisado que alcance si la correntada viene con furia. En la salud mental entrerriana, el dique de contención hace rato que muestra grietas inocultables... y el río ya nos llegó al cuello.

El Gobierno provincial formalizó la declaración de Urgencia Sanitaria en Salud Mental por el término de un año. La medida apuró los relojes y puso a trabajar a contrarreloj a la Comisión Provincial Interministerial de Salud Mental y Consumos Problemáticos (COPRISMA). Hubo reuniones plenarias, fotos de rigor y un mandato inapelable: confeccionar en 30 días un Plan Provincial de Contingencias.

Hasta ahí, la crónica de los despachos oficiales de Paraná. Pero a quienes caminamos las calles de La Histórica nos toca hacer la traducción terrenal. Bajar la gacetilla a la vereda. Mirar qué pasa cuando cruzamos el bulevar y nos paramos frente a las puertas del Hospital Justo José de Urquiza un lunes a primera hora.

Porque los decretos, convengamos, tienen la nobleza del papel y la frialdad de los considerandos... pero no recetan escucha, no calman un ataque de pánico ni desarman la desesperanza colectiva.

La realidad que atraviesa a Concepción del Uruguay no admite eufemismos. La demanda de atención psicológica y psiquiátrica viene marcando picos históricos. Las admisiones semanales en el hospital público se transformaron en un cuello de botella angustiante, donde la demanda espontánea choca contra un recurso humano que viene haciendo malabares desde hace años.

Y acá se suma un fenómeno clave: la caída estrepitosa del sector privado y las obras sociales. Cuando la cuota de la prepaga se vuelve impagable o cuando los copagos de las obras sociales transforman una sesión de terapia en un artículo de lujo, la clase trabajadora y los sectores medios terminan recalando en el único refugio que no pide tarjeta de crédito: el hospital público.

El sistema hospitalario uruguayense está absorbiendo no solo la vulnerabilidad estructural histórica, sino también el derrumbe de quienes hasta ayer tenían cobertura privada. León Rozitchner, filósofo, escritor, profesor e intelectual argentino, solía advertir que el dolor individual nunca germina en el vacío; siempre hay un orden social y económico que lo engendra. Hoy el malestar subjetivo no es una anomalía individual... es el síntoma descarnado de un lazo social que se astilla por la incertidumbre cotidiana.

Por eso la reactivación de la COPRISMA es, a priori, una noticia necesaria, pero de ninguna manera suficiente. La transversalidad interministerial que plantea la Ley Nacional de Salud Mental no es un capricho teórico ni una sugerencia de congreso académico: es una necesidad operativa urgente. Si la educación (CGE), el trabajo, el desarrollo social y la niñez (Copnaf) no se sientan a la misma mesa, seguiremos reduciendo la salud mental a un psicofármaco en la guardia.

Como nos enseñó la mejor tradición del psicoanálisis con Freud a la cabeza, el malestar en la cultura no se domestica con recetas mágicas ni con voluntarismo. Lacan recordaba que la palabra que no encuentra un oído que la aloje retorna bajo la peor de las formas: el pasaje al acto, la violencia o el síntoma autodestructivo. Si el Estado solo aparece cuando la crisis ya estalló en una sala de urgencias, estamos llegando siempre un paso tarde.

La Urgencia Sanitaria convoca expresamente a los municipios a sumarse a esta gesta. Y aquí es donde Concepción del Uruguay tiene que dar el salto de calidad. No alcanza con aplaudir la iniciativa provincial desde la comodidad de una adhesión formal.

Los centros de salud municipales distribuidos en nuestros barrios son la primera línea de fuego. Descentralizar la escucha no es un eslogan de folleto: es la única forma real de evitar que las guardias colapsen. Necesitamos dispositivos intermedios, casas de medio camino, espacios de contención comunitaria y talleres en los clubes que operen como verdaderas redes de sostén subjetivo antes de que el hilo se corte.

La COPRISMA tiene ahora en sus manos la redacción de ese Plan de Contingencias. La pregunta que flota en el aire de nuestra ciudad es tan incómoda como urgente: ¿será esta la oportunidad histórica para dotar a la salud mental entrerriana del presupuesto que la ley exige, o asistiremos a otro diagnóstico lúcido que termina guardado en el cajón de las buenas intenciones?

 

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