Gurí, ¿de dónde venís?
El 9 de agosto es una buena fecha para detenernos un momento, para preguntarnos cuánto conocemos realmente de una historia que también es nuestra.
En 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el 9 de agosto como el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, en recuerdo de aquella primera reunión del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas que había tenido lugar en Ginebra en 1982. Desde entonces, cada año esta fecha busca poner en el centro sus derechos, sus culturas, sus lenguas, sus territorios y sus formas de vida.
En el mundo viven alrededor de 476 millones de personas indígenas en unos 90 países. Son comunidades vivas, con lenguas, conocimientos, tradiciones y formas propias de relacionarse con el territorio. Y, sin embargo, continúan enfrentándose a desigualdades, discriminación y dificultades para que sus derechos sean plenamente reconocidos.
La historia antes de la historia
Para comprender buena parte de esas desigualdades hay que volver bastante más atrás. Antes de la llegada de los europeos, el continente americano estaba habitado por una enorme diversidad de pueblos, no existía una única cultura indígena ni una forma común de organizar la vida: había distintas lenguas, sistemas políticos, creencias, economías y maneras de habitar y comprender el territorio.
A partir de fines del siglo XV, la conquista transformó profundamente ese mundo: implicó la ocupación de territorios, el sometimiento y desplazamiento de comunidades, la explotación de recursos y la imposición de nuevas estructuras políticas, económicas y religiosas. A esto se sumaron epidemias que provocaron una enorme mortalidad entre poblaciones sin defensas frente a determinadas enfermedades. Muchas comunidades fueron desarticuladas; otras resistieron durante siglos, mientras sus territorios quedaban progresivamente bajo dominio colonial.

También hubo una conquista menos visible: la de las formas de nombrar y comprender el mundo. Las lenguas indígenas fueron desplazadas y sus conocimientos y cosmovisiones, desvalorizados o interpretados desde categorías europeas. Lo que para una comunidad era un saber transmitido durante generaciones podía ser considerado superstición, costumbre o atraso.
La independencia de las colonias americanas tampoco significó el reconocimiento inmediato de los pueblos indígenas como sujetos de derechos. Durante los siglos XIX y XX, la formación de los Estados nacionales continuó acompañada de campañas militares, desplazamientos y apropiación de territorios.
En Argentina, la expansión de las fronteras estatales incluyó campañas como la llamada Conquista del Desierto y otras operaciones militares en distintas regiones del país. Al mismo tiempo, se consolidó una idea de nación moderna, occidental y fundamentalmente europea, que dejó en segundo plano a los pueblos que ya habitaban estos territorios. Durante mucho tiempo, los indígenas fueron considerados parte de un pasado anterior a la Argentina, antes que parte de su propia historia.
Pero una historia que se intenta dejar atrás no necesariamente desaparece: puede permanecer en los territorios, en las memorias y hasta en las palabras que seguimos usando.
La tierra antes del nombre
La historia de Entre Ríos comenzó mucho antes de que existiera Entre Ríos. En estas tierras vivían distintos pueblos indígenas, entre ellos guaraníes, chanás y charrúas, a su vez divididos en distintos grupos, que habían construido sus propias formas de organización y de vida en relación con el territorio.
Los guaraníes se asentaban principalmente hacia el sur y combinaban la caza, la agricultura y la pesca; los chanás ocupaban la región occidental y practicaban la caza, la pesca, la recolección y el cultivo; los charrúas, con una presencia más extendida por la región central, tenían formas propias de organización política y comunitaria.
Ellos tenían comunidades organizadas, formas de producción, viviendas, rituales y herramientas, además de distintas maneras de resolver los asuntos colectivos. Los chanás desarrollaron una importante tradición cerámica y formas de organización basadas en cacicazgos y asambleas; los guaraníes construían aldeas y producían canoas, instrumentos y objetos de madera y cestería; los charrúas, por su parte, utilizaban herramientas de piedra y armas como las boleadoras.
La llegada de los conquistadores comenzó a modificar ese territorio. En 1573, después de fundar Santa Fe, Juan de Garay ingresó a estas tierras y las denominó “La Otra Banda”, considerándolas una extensión de Santa Fe. Poco después, Hernandarias organizó expediciones hacia el interior y se enfrentó con los pueblos indígenas que habitaban la región. La ocupación fue avanzando y, con ella, comenzaron a establecerse estancias y a incorporarse progresivamente estas tierras al dominio colonial.
Más de un siglo después, en 1749, una expedición encabezada por el gobernador de Buenos Aires, José de Andonaegui, avanzó contra los charrúas de la Banda Oriental y del territorio entrerriano, abriendo paso a una nueva etapa de colonización. Recién en 1783, Tomás de Rocamora recibió la orden de explorar y organizar oficialmente la región y utilizó por primera vez el nombre que terminaría quedándose con ella: Entre Ríos. A partir de entonces comenzaron a consolidarse ciudades como Gualeguay, Concepción del Uruguay y Gualeguaychú.
Una deuda que atraviesa el presente
Los conflictos por el territorio siguen formando parte del presente. Meses atrás, comunidades Mbya Guaraní de Misiones se reunieron con el representante de ONU Derechos Humanos en América del Sur para denunciar vulneraciones vinculadas con actividades forestales y el escaso avance en la titularización de sus tierras ancestrales. Señalaron dificultades para acceder al agua, contaminación, presiones para abandonar sus territorios y episodios de hostigamiento, intentos de desalojo y criminalización. La ONU recordó entonces que los pueblos indígenas tienen derecho a la tierra y al territorio, al agua, a un ambiente sano y a participar en las decisiones que los afectan.
En Salta, el conflicto adquiere otra forma. En abril, la provincia aprobó la llamada “Ley Octorina”, que reconoce y busca prevenir la violencia racial y sexual contra niñas y mujeres indígenas, en homenaje a la lideresa wichí Octorina Zamora. La norma aborda el llamado “chineo”, una práctica de violencia sexual denunciada durante décadas por organizaciones indígenas, y establece medidas de prevención, capacitación intercultural, estadísticas, asistencia y protección. Su aprobación fue resultado de años de organización y reclamo de mujeres indígenas, aunque parte de sus demandas quedó fuera del texto definitivo.

Hay algo particularmente significativo en estos casos. En Misiones, el conflicto gira en torno a la tierra, el agua y el avance de distintas actividades económicas sobre territorios ancestrales; en Salta, en cambio, se manifiesta a través de la violencia, el racismo y las dificultades para acceder a la justicia y obtener protección. Aunque se trata de problemáticas diferentes, ambas comparten un aspecto central: aún se toman decisiones sobre sus territorios, sus cuerpos y sus vidas sin que sus propias voces sean debidamente escuchadas.
Recordar esta historia implica también reconocer su persistencia en el presente. Los pueblos indígenas no quedaron reducidos a la conquista ni pertenecen únicamente a los libros de historia: continúan presentes en sus territorios, en sus lenguas, en sus comunidades y en la lucha constante por el reconocimiento y la defensa de sus derechos.
Decimos gurí, decimos gurises. La palabra viene del guaraní y forma parte de nuestra manera de hablar en Entre Ríos y en buena parte del Litoral. La usamos todos los días para nombrar a los chicos, casi siempre sin detenernos en su origen.
Y, sin embargo, ahí está: una palabra indígena en nuestra conversación cotidiana. Una pequeña huella de una historia mucho más grande que todavía forma parte de la nuestra.
Fuentes consultadas
https://elhistoriador.com.ar/la-argentina-aborigen-de-raul-mandrini/
https://www.turismoentrerios.com/provincia/historia.htm
https://lamalarevista.com.ar/articulo/ser-indigena-en-entre-rios/
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