Sábado Santo: la víspera de la Pascua
Este sábado 30 de marzo los cristianos conmemoran el Sábado Santo, antiguamente llamado Sábado de Gloria. Se trata del tercer día del Triduo Pascual y finaliza con la celebración de la Vigilia. Es una fecha de dolor y tristeza, destinada al silencio, el luto y la reflexión por la muerte de Jesús.
Se recuerda la soledad de María, que había quedado al cuidado del apóstol Juan. Es también la conmemoración de Jesús en el sepulcro y de su descenso al Abismo o a los infiernos. En la noche de este día se espera la resurrección de Jesús.
En la antigüedad se llamaba Sábado de Gloria, pero en 1955 el Papa Pío XII encargó al Monseñor Annibal Bugnini la reforma litúrgica de la Semana Santa, en el cual se estableció el nombre actual.
El Sábado de Gloria la Iglesia Católica no celebra la Eucaristía, deja las luces apagadas y no toca las campanas, el Sagrario está abierto pero vacío, el altar despojado y no se administran sacramentos, salvo la Confesión y la Unción.
Para los cristianos la Vigilia Pascual es la celebración más importante del año, con un ritual que se realiza antes de la medianoche para llenarse de esperanza antes del Domingo de Resurrección.
Consta de cuatro partes:-Lucenario: la Vigilia comienza con el templo a oscuras, el sacerdote enciende una llama de fuego con la que prenderá el Cirio Pascual, una vela que simboliza a Cristo resucitado. La misma es bendecida y llevada en procesión por fuera del templo, con la iglesia a oscuras.Al llegar al altar mayor, los diáconos cantan y se encienden algunas luces del tempo. Cuando estén en el presbiterio, se coloca la vela en el centro y el sacerdote lo inciensa tres veces. Se encienden algunas luces y el sacerdote canta el Pregón Pascual, antiguo himno de Pascua.-Liturgia de la Palabra: se proclaman los siete relatos del Antiguo Testamento referentes a la salvación de Dios.-Liturgia Bautismal: se administra el bautismo a los nuevos cristianos del 2024. Se bendice el agua y se renuevan compromisos bautismales.-Liturgia eucarística: última parte de la Vigilia Pascual, donde se hace honor al regalo que Jesús hizo al entregarse a los demás a través de su cuerpo y sangre.