Cambiar las reglas de juego antes de estrenarlas
La afirmación resulta llamativa porque hace poco más de un año su propio gobierno impulsó una reforma integral del sistema electoral entrerriano que mantuvo las primarias e incluso estableció su realización obligatoria aun cuando exista una sola lista. No estamos hablando de una ley vieja que Frigerio heredó y ahora pretende revisar, sino de una reforma propia, presentada como una modernización institucional y que todavía ni siquiera fue utilizada en una elección provincial. Antes de volver a cambiar las reglas, sería razonable por lo menos estrenarlas. De lo contrario, inevitablemente aparece una pregunta: ¿qué cambió desde que se sancionó la reforma hasta hoy? ¿Cambió la valoración institucional de las PASO o cambió el escenario político de cara a 2027?
Porque las reglas electorales no pueden cambiar al ritmo de la conveniencia política de cada momento. Mucho menos cuando se trata de normas que fueron presentadas como reformas estructurales y políticas de Estado. Si cada nuevo escenario electoral obliga a revisar lo que se defendía apenas un año atrás, el problema deja de ser solamente qué sistema es mejor y pasa a ser algo más básico: la previsibilidad y la confianza en las reglas. Y, siguiendo el razonamiento que hoy plantea el Gobernador, hay además una consecuencia bastante evidente. Si realmente considera que hacer concurrir tantas veces a los ciudadanos a las urnas significa no escucharlos, damos por hecho que el año próximo las elecciones provinciales se celebrarán conjuntamente con las nacionales. Su propio Código Electoral permite hacerlo. Sería difícil cuestionar la cantidad de veces que votan los entrerrianos y, al mismo tiempo, desdoblar la elección provincial agregando una jornada electoral más. En ese punto sólo habrá que esperar coherencia entre lo que se dice y lo que finalmente se hace.
Pero detrás de esta discusión aparece una forma de mirar a los entrerrianos que empieza a repetirse. Cuando se trata de cubrir determinadas responsabilidades importantes del Estado, demasiadas veces parece que las mejores respuestas hay que buscarlas afuera de la provincia. Sin embargo, cuando llega el momento de interpretar qué pensamos los entrerrianos, cuánto queremos participar o cuántas veces estamos dispuestos a votar, ahí el Gobierno parece no tener ninguna duda. Resulta curioso: para algunos cargos cuesta encontrar entrerrianos capaces, pero para interpretar lo que pensamos los entrerrianos nunca falta confianza. Escuchar a la ciudadanía no es decidir por ella cuándo votar resulta demasiado ni administrarle la participación política. Es confiar en su capacidad para elegir y, sobre todo, ofrecerle reglas claras y estables. Entre Ríos acaba de darse una reforma electoral propia; sería saludable que nuestras reglas no empezaran nuevamente a moverse al ritmo de cada discusión que aparece en Buenos Aires.
También se volvió habitual escuchar a dirigentes con décadas de actividad pública hablar de “la política” como si fuera una actividad que realizan otros. La política no escucha, la política está lejos de la gente, la política obliga a votar. Pero quienes gobiernan también son la política. Quienes ocupan cargos, impulsan leyes, construyen alianzas, diseñan sistemas electorales y deciden cuándo votamos no pueden después colocarse como simples comentaristas de esas decisiones. No se puede gobernar en tercera persona. Por supuesto que el Gobernador puede cambiar de opinión: nadie está obligado a sostener eternamente una posición equivocada. Pero cuando se cambia de opinión en apenas un año sobre algo tan sensible como las reglas mediante las cuales los ciudadanos eligen a sus representantes, ya no alcanza con decir que se cambió de parecer. Hay que explicar por qué. Porque semejante velocidad, tratándose de una reforma que todavía no llegó siquiera a ponerse en práctica, deja inevitablemente dos alternativas incómodas: o aquella reforma fue impulsada con una ligereza impropia de la importancia del sistema electoral, o las reglas empiezan a evaluarse según la conveniencia política de cada elección. Una cosa sería irresponsabilidad; la otra, ventajismo. Y si, más allá de todo esto, Frigerio realmente está convencido de que hacer votar tantas veces a los entrerrianos es no escucharlos, entonces por lo menos una certeza ya tenemos para 2027: las elecciones provinciales y nacionales serán el mismo día.