2026-09-08

Tristeza colectiva, ollas populares y éxodo de familias: 700 despidos en Granja Tres Arroyos conmocionan a un pueblo bonaerense

La crisis de Granja Tres Arroyos dejó a cientos de familias sin ingresos y desató un fuerte impacto social y económico en Capitán Sarmiento. Despidos, deudas salariales, trabajadores que evalúan dejar la ciudad y una comunidad que se moviliza para contener a los afectados

La ciudad bonaerense de Capitán Sarmiento está en estado de shock. Tiene apenas 15.000 habitantes y poco más de 1.000 trabajaban en la planta avícola Granja Tres Arroyos, que acaba de despedir, en la última semana, a más de 700 personas. El cierre de este gigante, que ya acumulaba una situación crítica desde hacía tiempo y adeudaba dos meses y medio de salarios, aguinaldo y vacaciones, hizo tambalear a todo un pueblo. Un pueblo que vivía desde hace casi 30 años, en gran parte, gracias a la producción cotidiana de esa fábrica, cuyas compras y salarios derramaban en toda la comunidad. Para que quede claro el impacto: uno de cada 10 empleos en esta ciudad son en esta planta.

Hoy la foto es gris. Decenas de familias que se preguntan cómo pagar el alquiler o los servicios de luz, gas y agua; otras que habían llegado de lejos sólo para trabajar en la planta ahora planean su partida; chicos que van a tener que dejar el barrio y la escuela siguiendo a sus padres que buscan trabajo y, el caso extremo en boca de todos, un trabajador que fue desalojado y que durmió varias noches dentro de su vehículo, un Renault 12 estacionado frente a la fábrica.

Más allá de que el clima dentro de la fábrica, y ya en la ciudad, indicaba que la situación de la planta era cada vez peor y para muchos era la “crónica de un final anunciado”, el comunicado que comenzó a circular el domingo 30 de agosto que indicaba que las tareas operativas de la planta permanecerían suspendidas hasta nuevo aviso a partir del lunes 1° de septiembre terminó de confirmar lo que ya se venía sospechando desde hacía tiempo.

“Se informa a todo el personal de Planta Sarmiento que, debido a la falta de suministro eléctrico y a otras cuestiones operativas y productivas derivadas de circunstancias de fuerza mayor y de público conocimiento, que afectan el normal desarrollo de la actividad, las tareas operativas permanecerán suspendidas...”. “El personal no deberá concurrir a prestar servicios, salvo que sea expresamente convocado por su encargado o supervisor”, agregó el parte.

Los despidos fueron llegando durante toda esa semana. Fueron más de 700 los telegramas enviados, entre los 554 de Capitán Sarmiento y otros 150 de ciudades aledañas. Y, sin explicación alguna, los trabajadores se quedaron sin empleo, sin obra social y con un altísimo riesgo de no cobrar siquiera la indemnización correspondiente. Muchos tenían más de 20 años trabajando en la empresa.

Hay unas 300 personas que no fueron despedidas, pero se levantan cada día con la incertidumbre de no saber qué pasará con su futuro laboral. En el medio, rige una conciliación obligatoria por 15 días desde el viernes pasado, dictada por el Ministerio de Trabajo bonaerense, aunque la compañía que dirige la familia De Grazia no la acató. De todos modos, este martes la firma retomó parcialmente la producción, sólo subproductos, pero no se sabe por cuánto tiempo. Con una deuda de más de $2.000 millones y una negociación de por medio con la empresa, la distribuidora eléctrica Eden no les restableció el servicio, por lo que están trabajando con un grupo electrógeno, contó uno de los trabajadores. “Cuando se termine el gasoil que trajeron en un solo camión, otra vez sin luz”, acotó.

Mientras tanto, trascendió de diversas fuentes que la empresa está preparando su pedido de concurso de acreedores y que el objetivo de la familia De Grazia es reducir al mínimo la estructura de la planta, sanearse financieramente y comenzar a recuperar producción. Pero también circulan versiones que indican que el ajuste fue realizado para facilitar una venta. Por ahora, más dudas que certezas.

En una ciudad tan pequeña, un recorte tan grande de empleos dejó a la comunidad de Capitán Sarmiento conmocionada. La impotencia ante una situación que no controlan ni pueden solucionar refueza día a día su solidaridad con las familias afectadas por los despidos y suma acciones para colaborar con alimentos, pañales para los niños y artículos de higiene personal, entre otros productos. Capitan Sarmiento se ve venir un futuro doloroso y reacciona como puede.

La delegación del Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación de la provincia de Buenos Aires (STIA) ya venía entregando mercadería desde hace más de dos meses a los trabajadores que no cobraban sus salarios en tiempo y forma. Y desde este lunes comenzaron a realizar ollas populares durante la noche, en el salón que tiene el gremio. Pero no es el único caso: en una localidad en la que todos los vecinos conocen al menos a una persona que depende de Granja hizo que las ollas populares surgieran en todos los rincones de la ciudad. Hasta un salón de fiestas privado, de nombre Borboleta, ahora recibe a cualquiera que necesite un plato de comida sin preguntar nada.

Claudia, la encargada del salón, contó a Infobae que recibe a diario llamados de personas que tenían reservado el lugar para festejarle el cumpleaños a alguno de sus hijos para avisarle que cancelan el evento por falta de dinero para pagar las cuotas.

“Lo que les estamos diciendo es que les damos el lugar y que de alguna manera conseguiremos la comida para que el nene pueda tener su fiesta de cumpleaños. No queremos que los chicos sufran más por toda esta situación”, afirmó.

Esta semana, además, se hizo una chocolatada en el Centro Educativo (un lugar donde los niños van fuera del horario escolar en donde tienen apoyo no sólo académico sino contención social) para que los chicos puedan ir a distraerse y olvidarse un poco de esta situación, en tanto que los clubes de la ciudad hicieron un encuentro deportivo el sábado para juntar alimentos. “Jornada solidaria entre clubes. El Club Social y Deportivo San Carlos, El Club Deportivo SDL, El Club Los 14 y el Club Atlético Independiente se unen para ayudar a las familias afectadas de Granja Tres Arroyos. No se cobran entradas. Sólo se solicita, a quien pueda, un alimento no perecedero para ser donado a las familias afectadas”, dice el flyer.

Las colectas están por todos lados. No sólo en el salón del sindicato y en los sitios donde se realizan las ollas populares, sino que también en gimnasios, por ejemplo, hay cajas para que la gente done alimentos. En el gremio, además, se están entregando esta semana bolsones de comida, que según dijeron a este medio fuentes de STIA, se hará de forma quincenal, en principio.

Pero la pregunta es qué va a pasar cuando se agote la conmoción inicial. Desde el Municipio de Capitán Sarmiento, que lidera Fernanda Astorino -de La Libertad Avanza-, están desde hace varios meses ayudando a personas que se acercan con dificultades por la falta de pago de Granja. Ahora, desde que llegaron los despidos masivos, las acciones se reforzaron y no sólo están realizando gestiones para entregar alimentos, sino también para que no se le corte los servicios a quienes no pueden pagarlos por esta situación, y lo mismo con las obras sociales.

“Nos vamos a poner a disposición con todos los recursos hasta donde podamos. Estamos ayudando a la gente asistiendo con alimentos, y con la luz y el agua. En el caso de las obras sociales, muchas les deben al Municipio porque los empleados se estuvieron atendiendo en el hospital, así que les estamos pidiendo que sostengan a la gente”, afirmó Astorino a este medio. Además, agregó que se está asistiendo con la farmacia del hospital a los despedidos que necesitan medicación.

Son muchas las acciones que se están realizando y van a seguir, pero el pueblo ya palpita el impacto económico que esta situación generará en muchos sectores económicos. Los salarios de Granja Tres Arroyos eran -y son para los que aún continúan- elevados para el promedio de una ciudad chica como es Capitán Sarmiento. En promedio, cobran unos $3 millones, algunos más, otros menos, y 1.000 personas cobrando esos sueldos generan un fuerte derrame en servicios y todo tipo de comercios en la ciudad.

El gran temor es qué pasará ahora, en un contexto de caída general de la actividad económica y de poca expectativa de repunte en el corto plazo. Por lo pronto, muchos comercios ya habían bajado la persiana en los últimos meses.

 

Infobae

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