El Virreinato terminó, pero la disputa por el federalismo continúa

Juan Martín Garay reflexiona sobre los 250 años de la creación del Virreinato del Río de la Plata y plantea la vigencia de una discusión histórica: cómo distribuir el poder, los recursos y las oportunidades entre Buenos Aires y las provincias.

Doscientos cincuenta años después de la creación del Virreinato del Río de la Plata, la Argentina continúa debatiendo cómo distribuir el poder político y económico. En una columna de opinión, Juan Martín Garay recupera esa discusión histórica y la vincula con el presente del país.

La creación del Virreinato en 1776 convirtió a Buenos Aires en el centro administrativo y comercial de un amplio territorio. Según plantea Garay, cuando terminó el orden colonial, esa concentración no desapareció, sino que la disputa pasó a desarrollarse entre nuevos actores: las provincias y el poder central.

Artigas, Ramírez y una tradición federal
Desde Concepción del Uruguay, la reflexión adquiere una dimensión particular. En 1815, José Gervasio Artigas convocó en la ciudad al Congreso de los Pueblos Libres, una experiencia política en la que se discutieron cuestiones vinculadas con la organización institucional, el comercio, la economía y las relaciones entre los pueblos.

Años más tarde, Francisco “Pancho” Ramírez llevó esa concepción federal al terreno de la organización política con la creación, en 1820, de la República de Entre Ríos.

Garay ubica a Artigas y Ramírez dentro de una misma tradición política: la idea de que la construcción nacional debía realizarse con las provincias y no contra ellas.

Urquiza y la organización constitucional
El autor destaca especialmente el papel de Justo José de Urquiza, quien comprendió que los enfrentamientos militares no eran suficientes para resolver la organización del país.

El Pronunciamiento de 1851, la victoria de Caseros, el Acuerdo de San Nicolás y la convocatoria al Congreso Constituyente fueron, según el análisis, parte de un proceso destinado a transformar años de conflictos en una organización institucional.

El objetivo, sostiene Garay, dejó de ser solamente ganar una batalla para convertirse en “constituir la República”.

El 1° de mayo de 1853, el Congreso Constituyente sancionó la Constitución Nacional, que estableció la forma representativa, republicana y federal de gobierno.

Una discusión que continúa
Para Garay, los 250 años de la creación del Virreinato constituyen una oportunidad para observar los problemas actuales. Recursos, infraestructura, energía, puertos, transporte, producción, empleo y oportunidades continúan formando parte de la discusión sobre el federalismo.

La existencia de una Constitución federal, sostiene, no garantiza por sí misma que ese federalismo se concrete en la práctica.

“Ser federal” implica, desde esta mirada, que cada territorio tenga posibilidades reales de construir su futuro y que las decisiones que afectan a las comunidades no sean tomadas permanentemente lejos de ellas.

“El centralismo también puede cambiar de nombre”
Uno de los ejes centrales de la reflexión es que el centralismo puede adoptar diferentes formas a lo largo del tiempo.

Ya no se trata de una Corona administrando territorios desde lejos, sino de una República que, pese a definirse constitucionalmente como federal, continúa concentrando decisiones, recursos y oportunidades.

Por eso, el autor plantea que el federalismo debe expresarse en políticas públicas concretas, en infraestructura, energía, rutas, puertos, transporte, producción y empleo.

Concepción del Uruguay y el desafío del futuro
Desde la ciudad, Garay reivindica el papel histórico de Concepción del Uruguay como escenario del Congreso de Oriente, protagonista de la experiencia de Ramírez y vinculada estrechamente con el proceso político encabezado por Urquiza que desembocó en la organización constitucional del país.

La reflexión concluye con una mirada hacia adelante: el desafío no sería regresar al pasado, sino recuperar de aquella historia la convicción de que la construcción de un país verdaderamente federal todavía está inconclusa.

Para el autor, la Argentina del futuro no debería escribirse exclusivamente desde Buenos Aires, sino también desde las provincias, las ciudades y las comunidades.

“Que puedan escribirla desde Entre Ríos. Que podamos escribirla desde Concepción del Uruguay”, plantea Garay al cerrar su columna.

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